¡Premio
Mayor, Premio Mayor!
· Los tiempos y la suerte han cambiado
al paso de los años
· Mancera juega a la lotería
· “Juego luego existo”, “ Te promociono
y me promociono”
Recuerdo
esas frías noches de los viernes, la avenida Reforma, se extendía llena de vida
entre siluetas y escaparates muy bien iluminados. Abordo del Chevrolet 56, como una vieja
máquina del tiempo, todo era nuevo - hasta el aire proveniente de los viejos
árboles del bosque de Chapultepec, que siempre olieron a vainilla-, viajábamos mis
tíos y yo, en compañía de mi abuelo y la abuelita Francisca.
De noche era
un viaje nocturno al centro de la ciudad de México, apenas empezaban los
vestidos cortos y los peinados altos y blusas abiertas como de arcoíris que
usaban las mujeres y los hombres, la mezclilla y camisas abultadas, sobre todo
en los jóvenes. Los trajes obscuros y
vestidos de corte conservador, también se dejaban ver en los adultos, eran
mediados de los sesenta.
El poderoso
motor del viejo carro color azulagua rugía como tígre. Su caminar encontraba
reposo cuando llegaba a la orilla de la Alameda Central y ahí frente al viejo
edificio de la Loteria Nacional, donde había una glorieta, doblaba en media
luna para encontrar lugar en la bahía, entonces nosotros descendíamos a toda
prisa para traspasar las grandes y doradas puertas metálicas e incursionar en
la alfombra roja para alcanzar algún asiento en las antiguas butaca de madera.
Ya ahí,
frente a la gran tómbola de metal dorado, como una jaula de donde pudieran
salir aves mágicas y regalos, niños gritones, con voz de anuncio, vestidos como
soldaditos de plomo, con todo el aire de sus pulmones, decantaban los número
para sumar la cifra ganadora. Era como estar cerca de fortuna, verla pasar,
imaginar la cara del posible premiado y contagiarnos de su alegría si se sacaba
el gordo. Era, fue un mundo feliz.
Escuchar
¡Premiooooooo Mayoooorrr, Premioooooooo Maaaayoooorrr! Era una frase retumbante
en ese auditorio, porque significaba que sí había futuro, que la vida es tan
noble que sí puede cambiar.
Años más
tarde, ya de joven, pensaba que jugar a la política era jugar a la Lotería, ¡Pegarle
al gordo! ¡Sacarse el Mayor! que sueños, qué sueños…
Durante mucho
tiempo en épocas donde reinó el PRI, a los políticos en desgracia, aquellos que
no fueron agraciados con una candidatura de elección popular, de la noche de
los viernes, salía un billete de lotería que llegaba a sus manos, y así se
pagaban las declinaciones en favor de políticos más cercanos al poder, al gran
poder.
Hoy las cosas
han cambiado en la lotería y en la política. El viejo edificio sigue ahí, pero
ya hay uno nuevo enfrente. La Ciudad de México es gobernada desde hace más de
dos décadas y media por el Partido de la
Revolución Democrática PRD, y el Partido Revolucionario Institucional, apenas
acaba de regresar a gobernar desde la presidencia, después de un ligero
descanso.
“ Lleve su cachito”
En la ciudad
de México gobierna Miguel Ángel Mancera y en el PRI, Enrique Peña Nieto, y se
supone, sólo se supone, que son dos proyectos distintos, dos polos ahora. A tanto
llegó el encono que por ejemplo, los anteriores jefes de gobierno, Cuauhtémoc
Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrad, incluso no tendieron la
mano, ni mucho menos asistieron a festividades del ejecutivo en turno. Para
unos el ejecutivo, fue una equivocación,
en otras era un espurio y el más
reciente, producto de un fraude, con
éstas frases los dirigentes capitalinos pintaban su raya.
Ahora
pareciera que no hay raya ni regla que delimite esas relaciones muy modernas
políticamente.
Los tiempos han cambiado y mucho
Ahora sin
algún rubor menor político, es posible encontrarse una muy buena foto, en este
caso captada por la lente de Carlos Cisneros en el diario La Jornada, este miércoles
7 de agosto del 2013, donde aparece con amplia sonrisa el jefe de Gobierno de
la Ciudad de México, Miguel Angel Mancera, sosteniendo la emisión especial de
un billete de lotería, mediante el cual se celebra el Maratón de la Ciudad de
México, el mismo billetote que es sostenido en su otro extremo, por una ágil
política priísta, María Esther Sherman, Director General de la Loteria
Nacional.
Y ahí están,
los dos, él y ella, de buen talante con el billete, con el gordo, con las ganas
de promocionar a “la suerte”, para usted querido lector, le entre al juego, sí
al juego de la lotería, de la política, de los rounds de sombra, de llevarse el
Premio Mayor, para que usted no se tome todo en serio.
Juego luego existo
“En política
nada es lo que parece”. Esta frase parece acoplarse muy bien a estos días, a
estos políticos, que aún cuando son o parecen contrarios, los dos promocionan
al jefe del Ejecutivo, Enrique Peña Nieto, quien inmutable, es quien también
juega, como en la Lotería.
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