viernes, 27 de junio de 2014

Mexicanos protestan por invasión de China a aguas territoriales de Vietnam



Un granito de arroz por la paz

Foto de Bautista Rojo Juan Carlos.
 
 

Mexicanos protestan ante la embajada de China en México por invadir aguas territoriales de Vietnam

 
‪#‎Laciudadylosdías‬.- México y Vietnam comparten una condici...ón histórica : estar cerca, muy cerca de las grandes potencias.
Esta circunstancia convierte a ambos países en naciones vulnerables ante embates comerciales, culturales y militares.
De ahí que sus políticas, parte de su resguardo soberano, sea una política permante de paz y propiciar mesas y acuerdos de diálogo para dirimir controversias y orillar a esas potencias a firmar acuerdos internacionales, (no siempre restados por los poderosos), para mantener un distancia prudente y frenar la amenaza latente, de una invasión.
Y los casos, en el devenir de la historia, se repiten.
Los vietnamitas primero estuvieron bajo el yugo de mil años por parte de los Chinos, después fueron colonizados por los Frances, de los cuales se liberaron después de mil batallas y ya en pleno siglo veinte, los gringos con su guerra de 10 años, fueron expulsados.
Y ahora enfrentan una incursión a sus aguas territoriales por parte del gobierno Chino, quien ya ubicó una gran plataforma petrolera y mandó más de cien barcos militares para "supuestamente" defender lo que les pertenece.
De ahí, que firmar cartas de apoyo a Vietnam, solicitar al gobierno mexicano y congresos mexicanos, fije una postura de No intervención al gobierno chino en los mares de Vietnam, es poner un granito de arroz en favor de la paz regional y mundial.
Agradecemos la firma de esta misiva, la redirección electrónica que realizaron muchos de nuestros amigos y los que tuvieron el tiempo y la intención de asistir a este acto pacificista el pasado miércoles, ahí en la embajada China en México.
Este día, el diario La Jornada publicó en su página 17, la nota sobre el evento.
A Todos, gracias por su participación.

martes, 8 de abril de 2014

Basilio González, cinismo laboral y salario estratosférico.


El cinismo de la política laboral, echa por tierra al nuevo PRI
 

·        Salarios desproporcionados, semejan tiempos del porfiriato

 

·        Basilio González, presidente de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, un quiste del sistema

 


·        “Que devuelva el dinero obtenido con los esfuerzos de miles de trabajadores”.

 

·        En 23 años ha ganado como presidente de la CNSM, casi  46 millones, como “producto de su trabajo”.

 


Coyoacán.- Lejos de ayudar a su partido en tiempos de visible descomposición ética, y de organización política interna, el Secretario del Trabajo, a nivel federal, Alfonso Navarrete Prida, sale en defensa del Presidente de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, Basilio González, quien fue expuesto por la prensa como un funcionario que percibía un salario de 3 millones de pesos.

No, dijo, Navarrete, sólo gana 2 millones 82 mil 156 pesos anuales. Como si el país estuviera en bonanza, el funcionario de Peña Nieto, responsable de velar por los intereses de los trabajadores, sus derechos y conciliar ante los patrones sus relaciones y liquidaciones ante la ley, decidió dar la cara por un hombre que tiene en ese puesto 23 años como presidente de una Comisión que se ha encargado de pulverizar el salarios de los trabajadores de este país, que no ayuda, no contribuye a superar los míseros salarios de los millones de trabajadores que sí crean la riqueza de este país.

El “Don”, como lo llama el secretario del trabajo a este funcionario que ha obtenido del erario público, cerca de 46 millones de pesos en sus 23 años de presidente al frente de la CNSM, considerando la inflación, los ajustes de fin de año y no considerando los bonos sexenales y de fin de administración, son la muestra de los altos contrastes en que se desarrolla la política administrativa de la gente del poder en relación con la miseria económica en que viven millones de trabajadores.

Este señor funcionario transexenal, multipartidista, según su expediente laboral y funcionario tanto con el Pri, Pan y ahora Pri, ha sido y es el responsable de frenar toda lucha por mejorar el salario de los trabajadores mexicanos, de que “ los trabajadores no se salgan del huacal ”.

Este asunto de los salarios se torna interesante cuando leemos la percepción que reciben otros secretarios de Estado,  los cuales tendrían más peso en la administración pública, y no reciben más pesos en su patrimonio que el que preside la Comisión Nacional de Salarios Mínimos.
 

Para tener una aproximada idea del tema, sólo mencionaremos algunos de los puestos a nivel de secretario y que obtienen menos plata que el “Don Basilio”.

Miguel Ángel Osorio Chong (Gobernación): 151,049 pesos

José Antonio Meade Kuribreña (Relaciones Exteriores): 145,277 pesos

Luis Videgaray Caso (Hacienda): 145,284 pesos

Rosario Robles Berlanga (Sedesol): 124,694 pesos

Emilio Chuayffet Chemor (SEP): 168,045 pesos

 Mercedes Juan López (Salud): 124,775 pesos

La lista es amplia, pero preferimos sólo mostrar algunos botones salariales que rebasan en mucho, las aspiraciones de cualquier ciudadano común y que ofenden a la vista saber “cómo administran”.

Dice el refrán, te hablo a ti Pedro, para que me entiendas Juan.
 

Alfonso Navarrete Prida, con su puesto de supersecretario del Trabajo, gana más que el presidente de la República, su sueldo mensual según su declaración patrimonial es de 672,452 pesos.
 
 

En un país, que se liquidan a las instituciones del Estado en aras de convertirlas en empresas eficientes, con millones de desempleados, con una economía que sólo crece dígitos en discursos y cada trimestre se adelgazan, es un real insulto la percepción de estos salarios y más los que dicen defender a los trabajadores.
 

Con estas nuevas políticas salariales de los funcionarios, lo único que alumbran, son el cinismo con que salen a declarar a la prensa envalentonados para defender el hueso público.

El Pri como vemos, no muda de piel.

 

 

 

lunes, 7 de abril de 2014

Michoacán, el desmoronamiento del Estado

 

Michoacán, el desmoronamiento del Estado


 

La involución social se presenta cuando el Estado no cumple son su razón y deber ser. El caso de Michoacán llama la atención al suplir lo que se creía solo pasaba en Tijuana, una región limítrofe, la orilla del país, pegada al desierto y en la puerta de la gran urbe del mundo. Con un amplio sentido de imaginación geográfica, quizá la frontera se recorrió al centro del país, porque Michoacán padece de los mismos males sociales que aquella interesante ciudad fronteriza.

Pero Michoacán, claro un estado, no una ciudad, tiene un agravante más: la falta de un sólido, constante y permanente gobierno. Un ejecutivo débil como el mismo rostro de su gobernante, ausente por enfermedad, luego un gobernador interino, hoy arraigado por 40 días por existir indicios de su relación con el narcotráfico, después, vuelta del mismo gobernado Fausto Vallejo, después el llamado virrey, el comisionado Alfredo Castillo.

La solicitada desaparición de poderes en ese estado, ha llegado al mismo congreso de la Unió y al Senado, que ven compleja la situación, que han preferido desecharla. Otro tema que está a punto de salirse de cauce, es la relación de los denominados grupos de autodefensa con el gobierno federal y el mismo gobierno local.

Autodefensas y gobierno han firmado acuerdos los cuales no se respetan, ni se respetarán, una vez que se termine el parque, porque serán cartuchos quemados. Mireles, ese ciudadano con voz valentonada no tarda en llevar su propia autodefensa tras las rejas, igual que pasó al llamado Papá Pitufo. Obvio es que los desarmaran y si bien les va, serán incorporados como soldados o policías comunitarios pero sin rango, el poder es único y no se comparte, señala el refrán y este caso no será excepción.

No hay una verdadera política de recuperación del Estado mexicano en Michoacán. La aparente limpia no llega a fondo, es simulación. El michoacanazo, fenómeno político, social, cultural y económico, ya tiene otros referentes en los estados norte del país con menor o mayor intensidad pero que todavía no estallan en crisis.

Michoacán puede ser la muestra, el botón de lo puede ocurrir en otras esferas del poder. Estaremos atentos

 

miércoles, 19 de marzo de 2014

Juan Villoro, discurso en el informe anual de Artículo 19

Villoro: El periodismo se ha convertido en un oficio de alto riesgo seriamente amenazado


 

El periodismo es el arte de entender la realidad


 

Eso hay que decirlo francamente porque no puede tolerar un Gobierno que se agreda de esa manera a quienes tratan de cumplir con el oficio de informar




El periodismo es un arte, una virtud moral que se encuentra bajo continuas amenazas. Ha habido épocas en que los periodistas han tenido muy poco margen de participación. Yo pertenezco a una generación que ha visto crecer las libertades de expresión. Pero que también ha visto aumentar los riesgos para ejercer este oficio. Cuando yo estudiaba la Universidad, donde cursé la carrera de Sociología, tenía un maestro que decía “estudien muchachos, o van a acabar como periodistas”. El periodismo parecía por muchos el último escalón social. Eran los tiempos en los que el gran caricaturista Abel Quezada dibujaba a los periodistas en el Excélsior de Julio Scherer como figuras famélicas, sostenidas por una estaca, porque no tenía energías para escribir sus artículos y enfrentaban una máquina de escribir sobre la cuál colgaba una torta compuesta al modo de la zanahoria del burro, tratando de comer esa torta, de alimentarse, los periodistas de vez en cuando tecleaban algo en la máquina de escribir. Esta imagen del periodista como un desgastado social, que no tiene nada que decir, si acaso sólo lo hace para comer una torta, ha cambiado gracias al compromiso de numerosos compañeros que han, por un lado, profesionalizado el oficio pero también, sobre todo, que han ampliado los márgenes de la libertad, arriesgando en muchas ocasiones su forma de vida para cubrir las noticias.


 


El periodismo es el arte de entender la realidad. De entrar en un compromiso moral, esencial, que es el de saber que son los demás, los otros, los que tiene la información y los datos que debemos obtener. Es una de las pocas profesiones donde la razón es siempre aquél, la razón está con los testigos, en los que han visto los sucesos. Y otros, los periodistas, debemos desentrañar esas razones. Sin el entendimiento del otro, sin la información que nos puede proveer, no existiría nuestro trabajo. Por lo tanto, el periodismo requiere de empatía: nadie está obligado a darnos una noticia, una entrevista o una información. Debemos establecer en esa persona un vinculo de confianza, de solidaridad. Menciono esto porque, en su esencia, el periodismo es ya un compromiso ético, es el desciframiento de las verdades de los demás y la necesidad de entenderlas. Hay cosas que ocurren sin sentido aparente. El periodismo se dedica a causar sentido, a buscar dónde, por qué y cómo ocurren las cosas. Por eso, insisto, estamos ante el arte de entender la realidad.



Partiendo de un compromiso ético, el periodismo encuentra muchos obstáculos que tratan de impedir la realización de este cometido. ¿Por qué? Porque la verdad, lo sabemos, muchas veces descubre zonas de niebla que para muchos deberían permanecer así. Si pensamos el vocabulario de la política mexicano, nos encontramos con que la política ha sido muchas veces un oficio de tinieblas. No es raro que de pronto se diga que se hizo un acuerdo “en lo oscurito”. Estar dispuesto a madrugar al adversario, es salir de la oscuridad para actuar antes que él. El propio lenguaje político favorece este oficio en las sombras. Precisamente porque la luz de la verdad es una amenaza para la impunidad. Si en una cultura de la celebridad como la norteamericana, Andy Warhol pudo decir que la utopía perfecta, el sueño feliz de las personas era ser famosos durante 15 minutos. En una cultura de la oscuridad, como la mexicana, ese sueño para muchos ha sido el de ser impune durante 15 minutos. No el de ser famoso en la sociedad del espectáculo de la que hablaba Andy Warhol, sino el de poder actuar en libertad sin rendirle cuentas a nadie. Ha sido una cultura ajena a la transparencia, una cultura que ha querido a la verdad como la principal adversaria de lo que se ejerce en lo oscuro. Por lo tanto, el periodismo se ha convertido en un oficio de alto riesgo seriamente amenazado.



Después de mí hablará Darío con datos concretos sobre las actividades de Artículo 19. No puedo dejar de mencionar que hace apenas unos días, las oficinas de Artículo 19 fueron allanadas. Se trata de otro hostigamiento más de este espacio, por tratar de defender a los periodistas. Este acto agrede a toda la comunidad de los periodistas, pero también agrede al núcleo mismo del Estado mexicano. Un Estado que proclama el derecho a la información y no cumple, es un Estado que incurre en la demagogia. El Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto debe de ofrecer una respuesta a este ataque a los periodistas y a la razón misma del Estado mexicano. Sino lo hace se convierte en un cómplice del ataque. Eso hay que decirlo francamente porque no puede tolerar un Gobierno que se agreda de esa manera a quienes tratan de cumplir con el oficio de informar.



Sabemos por numerosas informaciones internacionales, de asociaciones como Human Right Watch o Reporteros Sin Fronteras, que México ha sido en los últimos años uno de los países más peligrosos, y en ocasiones el más peligroso, para ejercer el periodismo. Este negro reto debe terminar. Nos corresponde a nosotros, los periodistas, señalar ciertas ventanas, puertas, para que esto pueda cambiar. Pero le corresponde al Gobierno crear las condiciones para que el periodismo pueda ser ejercido con plena celeridad. Sabemos, además, que hay zonas particularmente peligrosas para ejercer el periodismo y eso debe ser mencionado. Estados como Veracruz o Coahuila, gobernados ambos por el PRI, sin particularmente adversos al ejercicio del periodismo. Hace algunos meses, un grupo de periodistas marchamos en la ciudad de Jalapa recordando el primer año de la muerte de Regina Martínez, periodista veracruzana, cuyo asesinato no fue resuelto, al igual que no han sido resueltos muchos otros, así como las desapariciones y los hostigamientos a los periodistas.

 
 

 

Todo esto nos deja en una situación altamente preocupante. Es obvio que los periodistas tenemos un compromiso de responsabilidad. No podemos ejercer el oficio sin saber que corremos ciertos riesgos. No somos irresponsables, sabemos en qué agua estamos nadando. No vamos directo hacia los tiburones, ejercemos el periodismo con responsabilidad. Lo grave es que aún tomando esas precauciones y aún sabiendo nosotros que no podemos muchas veces firmar un artículo con nuestro nombre y debemos hacerlo con el nombre del “staff”. O bien, en el caso de los periodistas de provincia, que el propio periódico sería amenazado si se publica esa noticia, así que la información primero debe circular hacia la capital para que llegue como de rebote a la provincia. Es decir, tomando en cuenta este tipo de precauciones concretas, aún así estamos en peligro. Porque lo que enfrentamos es un momento de descomposición del tejido social, en donde el Gobierno no puede preservar ni salvaguardar aquello que proclama, que es el derecho a la información. Esto es, particularmente, grave.


Antes de continuar con este tema, me gustará insistir en otro aspecto de la responsabilidad periodística, que creo que no hemos dejado de asumir nosotros los periodistas mexicanos y también, quiero decir que para esto, nos ha ayudado bastante el ejemplo de Colombia, que pasó por una circunstancia violenta, similar a la nuestra, donde los compañeros periodistas tuvieron que enfrentar de manera extraordinaria, bajo condiciones de altísima presión, la responsabilidad de seguir informando. En Colombia, los periodistas hicieron un acuerdo de discreción que, a ojo de algunos, significa un acuerdo de autocensura. En México, cuando se ha llegado a un pacto de este tipo, por ejemplo el que se dio después del secuestro a Diego Fernández de Cevallos, se entendió en los principales medios electrónicos básicamente como un pacto de censura, es decir, silenciar la noticia. 


En Colombia, el acuerdo de discreción apuntaba a otra cosa, a un pacto de responsabilidad. Porque nosotros debemos saber que al informar estamos propagando noticias y datos que pueden tener efectos sociales que, en un momento dado, beneficien al crimen organizado. Nos informaron indiscriminadamente sobre el número de víctimas, decapitaciones y fotos sin ningún tipo de criterio sobre la violencia perpetrada en nuestro país, puede hacer que el periodismo se convierta en una mera caja de resonancia del crimen organizado. Sabemos que muchas bandas retan asesinatos con una firma muy clara. La violencia es un lenguaje. Hay grupos que encajuelan, otros que encobijan, otros decapitan.. Hay una dramática del espanto que busca ser propagada. Si nosotros nos convertimos en un simple eco de esa violencia, estamos evidentemente logrando que el crimen golpee dos veces: primero, en el mundo de los hechos, y segundo, en el mundo de la representación, que no es menos importante. Esto puede llevar a dos reacciones sociales extremas, ambas preocupantes: una, el miedo absoluto, la parálisis, ante una sociedad amenazada por la violencia. Y dos, lo que quizá es aún más grave, la banalización del tema. El acostumbrarnos a las noticias de la violencia, como algo ya prácticamente algo atmosférico. 


Menciono esto, no por una invitación a no informar, sino al contrario: como un señalamiento de que los periodistas estamos perfectamente consientes de que al informar tenemos datos valiosos. Informar significa no solamente dar datos sueltos, sino estableces contextos, ahondar, buscar la raíz de los sucesos y saber quién está detrás de ellos. Si a nosotros se nos pide la responsabilidad de informar creando un contexto y dando una explicación completa para evitar la mera propagación de la violencia, al mismo tiempo se nos deben facilitar las condiciones para ejercer esta tarea. Con frecuencia se acusa a los periodistas de morbosos, sensacionalistas o amarillistas, en el sentido de que están simple y sencillamente tratando de usufructuar de manera comercial la violencia para vender periódicos y tener más rainting en los noticieros de radio y televisión. Y al mismo tiempo que se condena a los periodistas por este aparente uso del morbo, no se les brindan las condiciones a los reporteros para poder indagar con seriedad. La única manera de acabar con las noticias superficiales, es llegar a la raíz de los sucesos. Numerosos periodistas mexicanos lo han hecho, algunos de ellos han dejado la vida en el intento. Hay que celebrar que en condiciones muy adversas, los compañeros del oficio no han cerrado los ojos. 


 

Entonces, ¿en qué circunstancias estamos nosotros hoy en día respecto a nuestro trabajo? Insisto, somos consientes de la responsabilidad que tenemos pero al mismo tiempo pedimos condiciones para ejercer libre y moralmente esta responsabilidad. En los últimos meses, desde que el presidente Enrique Peña Nieto asumió la presidencia, ha aumentado la interlocución entre periodistas y dependencias de Gobierno. Se ha promulgado la Ley General de Víctimas, lo cuál es importante porque se reconoce a las víctimas de los hechos de sangre como una categoría social, como algo que no debería ocurrir y como una carga que debe asumir el Estado. La pérdida de una vida, es una pérdida de todos nosotros. Los periodistas han sabido hacer un viraje importante para darle cada vez más significación a las víctimas, esto también está en sintonía con los compañeros colombianos. La noticia no es la sangre, la noticia es la vida que se pierde por la sangre, las noticias son los huevos que se dejan en la sociedad. Por eso la noción de víctima es muy importante.


Pero, ¿qué sucede una vez que el Gobierno acepta esta categoría? ¿Qué sucede una vez que el Gobierno inicia una interlocución con quienes le reclaman mayor seguridad? Desgraciadamente, ha aumentado el diálogo con el Gobierno sin resultados concretos y no sólo eso, han aumentado los hostigamientos y las víctimas dentro del periodismo. Esto es particularmente grave. Parecería que el mensaje del Gobierno es “¿para qué gobernar si podemos declarar?”. Basta con señalar que se quiere resolver el problema, para que el problema se resuelva por sí mismo. Basta con bajarle de volumen al tema de la violencia, para que esta ya no exista.. Estamos en una lucha de representaciones. Aparentemente el Gobierno ha recibido la información de que la situación es preocupante, ha ofrecido responder al respecto pero no ha hecho nada concreto para resolver las cosas. Entonces esto empieza a sonar prácticamente a una fórmula que durante 71 años perfeccionó el Partido Revolucionario Institucional, que es el cinismo. Es decir, no solamente ignorar los problemas sino reconocerlos pero no hacer nada al respecto. Por lo tanto, creo que estamos en una situación particularmente grave. Del desconocimiento o el rechazo al tema que vivimos en la administración de Felipe Calderón, hemos pasado a un progresivo reconocimiento del problema sin que esto mejore las condiciones con que se ejerce el periodismo y el allanamiento a las oficinas de Artículo 19, hace unos días, se inscribe en este contexto.


Creo que es importante, en esta ocasión, señalar de manera muy concreta en qué medida la política de seguridad del Gobierno mexicano ha dejado a los periodistas sin protección. Creo que es algo sobre lo que debemos reflexionar con mucho cuidado, a detalle, porque de eso depende que podamos continuar con nuestro trabajo. Todas las sociedades tienen una frontera donde lo ilícito se vuelve aparentemente lícito, hay múltiples testimonios de esto, en el Quijote ya aparecen los contrabandistas que venden mercancías y con el dinero mal habido empiezan a hacer negocios aparentemente legales. Abundan los testimonios al respecto. De nada serviría que el crimen organizado prosperara sino pudiera reingresar a la sociedad. Hay una frontera donde el dinero sucio se vuelve aparentemente limpio. Yo creo que es en esa frontera donde el periodista corre mayor riesgo. Es decir, no son los criminales consumados los que han estado amenazando en lo fundamental a los periodistas. Y esto hay que decirlo, son los poderes aparentemente legales y los negocios aparentemente acreditados los que se sienten más amenazados por el trabajo del periodista. Precisamente, porque es en esa frontera, donde el periodista puede denunciar que un político, que un policía, que un soldado o que un empresario están coludidos con el crimen organizado. 
La estrategia irresponsable y equivocada del presidente Felipe Calderón, que dejó al menos 80 mil muertos y unos 30 mil desaparecidos, no puso nunca énfasis en que el Gobierno se investigara a sí mismo y en que se desmontaran las redes del lavado de dinero. Cada vez que un periodista se acercó a esta zona conflictiva que está al interior de nuestra sociedad, su vida estuvo en peligro. Otro de los errores de esta estrategia que tuvo que ver con el discurso público del presidente Calderon, fue considerar que el narcotráfico es un enemigo exógeno, externo a nuestra sociedad. Es decir, llegaron los bárbaros, llegaron los malosos, y se incrustaron en nuestro país. De esta manera, se repetía la concepción que Estados Unidos y la DEA han tenido del crimen organizado, que es el considerar que se trata de un problema básicamente externo, que pertenece a la política exterior de los Estados Unidos. Ustedes saben que Estados Unidos ha necesitado construir un enemigo para tener una política exterior activa, y este enemigo puede ser el nazi, el comunista, el extremista islámico o bien, hoy en día, el narcotraficante. Se trata de un enemigo externo, aparentemente ajeno, se sabe todo de los narcotraficantes afuera de los Estados Unidos, se saben sus nombres, sus apodos y sus hábitos más privados, e ignoramos prácticamente todo de lo que ocurre al interior de los Estados Unidos. La violencia nos toca más fuerte que a ellos. Ya lo dijo Eduardo Galeano: nosotros ponemos los cadáveres, ustedes ponen las narices.


El consumo de droga en los Estados Unidos tiene historias que no conocemos, nuestros colegas norteamericanos no han hecho el trabajo que sí hemos hecho nosotros aquí en México. Y esto es muy importante decirlo: la narrativa del problema se conoce en nuestro país por el trabajo que han hecho los colegas mexicanos y se desconoce en Estados Unidos en muy buena medida porque existe una opacidad al respecto. De manera suntuosa, en este discurso donde el crimen organizado aparece como un elemento ajeno a la sociedad, fue replicada durante la administración de Felipe Calderón, como si el narcotráfico no naciera del seno mismo de la sociedad y no estuvieran involucradas en él personas mucho más próximas a nosotros de lo que pensamos, sino que fue visto como algo totalmente ajeno y externo. Pero, como les decía antes, de nada sirve incurrir en el crimen organizado si esto no regresa a un negocio aparentemente lícito. Y esto es lo que han investigado numerosos compañeros al riesgo de su propia vida y es lo que no ha hecho el Gobierno. En la medida que el Gobierno cambie de estrategia y entienda que tenemos un problema social, cultural y económico al interior de nuestro propio país, y que todas estas redes de complicidad se deben desenredar, en esa medida el periodista estará mucho más seguro para ejercer su trabajo. Justamente nos hemos situado en una zona donde nosotros hemos hecho un trabajo información que no ha hecho el Gobierno. Y sobre esto, creo que se debe reflexionar muy puntualmente.
A pesar de este momento crítico, los medios mexicanos no han dejado de cumplir con su compromiso de informar, los periodistas no han cerrado los ojos.



 El próximo 23 de abril, recibirá el Premio Cervantes, el máximo galardón que se concede en el idioma español, una escritora mexicana, Elena Poniatowska, que es también una grandísima periodista. Nunca antes el Premio Cervantes había honrado, en el nombre de una persona, a tantísimas voces y tantísimos testigos que le han dicho sus verdades a Elena Poniatowska. Muchos autores prefieren hablar a escuchar. El Premio a Elena Poniatowska es un premio al oído, es un premio a las palabras de los otros. Comencé diciendo que el compromiso ético del periodismo tiene que ver con entender que son los demás los que tienen una razón, son ellos los que nos deben dar las claves de la realidad. Esto es un oficio generoso, un oficio tolerante, que permite que sean otros los que tengan la voz. Creo que en el nombre de Elena Poniatowska se premia a la valentía del oficio, a las noticias que durante mucho tiempo estuvieron silenciadas, como La noche de Tlatelolco, a todos aquellos que se han arriesgado para ejercer este oficio.


El ejemplo de Elena nos honra, pero no debe ser un caso aislado. Debe ser la condición natural de nuestro trabajo. Hago votos porque algún día no sea necesario una actividad como la de hoy en día es imprescindible, como la de Artículo 19, y que el periodismo no sea en el futuro algo que deba ser defendido sino que simple y sencillamente dependa de las palabras, de las imágenes y de lo más necesario que tenemos en este trabajo, que es la búsqueda de la verdad.

jueves, 6 de marzo de 2014

Rescata investigadora “el arte marginal de las escuelas de pintura al aire libre”

Génesis de las escuelas de pintura al aire libre

(Por considerarse un tema poco difundido y especial en su género- por donde incluso transitaron grandes pintores mexicanos, tanto profesores como alumnos- nos permitimos difundir, sin fines de lucro, esta excelente entrevista a la investigadora de arte, Laura González Matute, quien se establece como pionera en el tema de las escuelas de pintura al aire libre, corriente de eseñanza allá por años treintas en nuestro país)


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Foto
 
Individuo realizando pintura dentro de la escuela al aire libre de Coyoacán, en los años 20 del siglo pasado, trabajo incluido en la exposición del Museo Nacional de Arte. Foto Archivo Casasola, Pachuca, Hidalgo.


Alejandra Ortiz Castañares
Especial para La Jornada

Periódico La Jornada
Jueves 13 de febrero de 2014, p. 5

Rescata investigadora el arte marginal de las escuelas de pintura al aire libre

Laura González Matute subraya el interés actual por el trabajo en esos centros

*Niños carentes de instrucción académica formal las animaron con su espontaneidad y libertad creativa.

*Fueron cerradas por no corresponder a los intereses gubernamentales, dice a La Jornada
 
 
 
 
En un clima de fascinación reciente por el arte marginal (outsider art) practicado por enfermos mentales, artistas autodidactas o niños, lejano hasta hace poco de ser considerado arte, hoy asistimos al estallido de un interés sin precedente, demostrado no sólo en la reciente Bienal de Venecia, sino en exposiciones, museos y colecciones públicas y privadas que lo adquieren, provocando en los dos años anteriores la duplicación de precios en el mercado del arte.
En este contexto la exposición Escuelas de pintura al aire libre: episodios dramáticos del arte en México, en el Museo Nacional de Arte (Munal), es muy actual.
Aunque es un proyecto distinto enfocado al análisis de la enseñanza de la plástica en México, queda como un fenómeno singular, pues los creadores que animaron tales escuelas fueron niños sin instrucción académica formal; por el contrario, les fue fomentada la espontaneidad y libertad creativa apoyada por el Estado, interesado en hallar el consenso social integrando al sector popular hasta entonces marginado, generando en los años 20 y 30 del siglo pasado una red de escuelas que tuvieron impacto nacional e internacional.
La propuesta curatorial fue desarrollada por el equipo del Munal a partir de 110 obras, documentos y fotografías. La muestra es independiente, sin embargo se integra a un proyecto amplio con dos exposiciones más: La enseñanza del dibujo en México y Félix Parra (1845-1919): visionario entre siglos. Se completa así un cuadro que cubre el tema desde finales del siglo XVIII hasta los primeros 40 años del XX.
Contacto con el México vivo
En entrevista con La Jornada, Laura González Matute, investigadora del Cenidiap/INBA, aclara varias dudas. Pionera en 1979 en el rescate de este tema por su tesis de licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma de México y por su libro sobre la recuperación histórica de esas escuelas (Cenidiap, 1987), publicó Las escuelas de pintura al aire libre-Tlalpan (2011), editado por el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, Conaculta/INBA.
–¿La creación de esas escuelas es fruto de un periodo de ajuste educativo y político tormentoso como sugiere la muestra Episodios dramáticos del arte en México?
–Sí, la primera escuela que fue Santa Anita en Iztacalco (no en Iztapalapa, como seguido se confunde), nació en 1913 tras un descontento político, social y educativo que termina en la conocida huelga que paralizó la Academia de San Carlos en 1911 y que llevaría dos años después al nacimiento de Santa Anita, la primera escuela de este tipo dirigida por Alfredo Ramos Martínez.
“Éste comprendió muy bien la ruptura y propuso a los alumnos salir de las aulas y entrar en contacto con el México vivo. Asistieron artistas como Siqueiros, Ramón Alva de la Canal, Fernando Leal, Lola Cueto y Rafael Vera de Córdova, entre otros.
–¿Significa que hay una diferencia entre la primera escuela a la cual asisten artistas de formación y las posteriores concurridas por niños?
–Sí. Con la caída de Victoriano Huerta se cierra Santa Anita, la academia abre en momentos alternos hasta que con Obregón se recupera la estabilidad. Vasconcelos llama de nuevo a Ramos Martínez para abrir una escuela con los principios adoptados en Santa Anita.
“Chimalistac fue la primera de una serie de escuelas que duran poco, porque cambian de sede, debido a problemas administrativos y de presupuesto: Coyoacán y Churubusco. A los artistas mencionados se suman Francisco Díaz de León, Gabriel Fernández Ledesma, Fermín Revueltas, quien llegó de Chicago, y Jean Charlot de Europa. Son cultos y con ideas vanguardistas que rechazan el conservadurismo de la Academia. Hay que concebir a las escuelas en esta primera etapa como un momento de incorporación de artistas bohemios, que pintan libremente sobre todo paisaje y retrato”.

–¿Con ellos pintaban los niños también?
–No, ahí no había niños. He ahí la gran confusión, eran todos pintores formados, como señalan las crónicas de los diversos diarios del momento como El Universal Ilustrado, Excélsior o El Monitor Republicano, que describen las obras de los artistas pero nunca hablan de niños. Eran unos 25 o 30 pintores, de entre 20 y 25 años.
“Vasconcelos visitó por primera vez la sede de Coyoacán y descubrió el cuadro Paisaje zapatista (1921), de Fernando Leal, quien dijo: ‘Esto es lo que quiero que se pinte, les voy a dar los muros”. Él, con Alva de la Canal, Fermín Revueltas y Jean Charlot serán los primeros en pintar en el patio de San Ildefonso, mientras en el Anfiteatro Bolívar lo hacía Rivera con La Creación y Roberto Montenegro y Gerardo Murillo (Dr. Atl), en el ex convento de San Pedro y San Pablo.
–¿Cuándo se convirtieron en escuelas para niños sin recursos?
–En 1925 cuando entra José Manuel Puig Casauranc como secretario de Educación y Alfonso Pruneda como rector de la Universidad, durante el gobierno de Calles. Pruneda, con ideas pedagógicas de avanzada, apoya la creación de los niños. Se rompe con el estereotipo de la educación rígida, conservadora y se concede al niño libertad y espontaneidad para que no se contamine por el mundo de los adultos; en su ser potencialmente creativo. Había que motivarlos y darles el material para lograrlo.
Época de oro y ocaso
–¿Cuántas escuelas había?
–Inicialmente, sólo tres: Xochimilco, Tlalpan y la Villa de Guadalupe. Los alumnos egresados se convirtieron en directores de las mismas y su función era supervisar y apoyar a los niños, sin interferir. En la época de oro, a finales de los años 20, llegaron a existir unas 12 escuelas, no sólo en la ciudad de México, sino en Nuevo León, Michoacán, Jalisco, Puebla y Guerrero.
–¿Cuáles fueron los resultados?
–Surgieron artistas con una obra primitivista, naif, viva, como Ramón Cano Manila, Manuel Echauri, Feliciano Peña y Fernando Castillo, cuya obra se vendía muy bien en Estados Unidos.
–¿Por qué se acabaron esas escuelas al aire libre?
–Después de un momento dorado en el cual se publicó un extenso número de artículos periodísticos, libros, además de una exitosa exposición itinerante en Berlín, París y Madrid; y de abrirse escuelas similares en California, Japón y Cuba, estos centros van cerrando debido a problemas presupuestales e ideológicos. Con el tiempo pierden su función, por no corresponder a los intereses gubernamentales, hasta entrar en una etapa de declive. En 1937 se cierra la última escuela, en Taxco. Después caerán en el más completo olvido.
–¿Cómo rescata su memoria histórica?
–En 1978 Ida Rodríguez Prampolini me propone investigar el tema y dirigir mi tesis, pues me comentó: No se sabe nada, exceptuando una extensa muestra de 200 obras montada en Bellas Artes, en 1965, organizada por Francisco Díaz de León, la cual no tuvo repercusiones.
Cuando realizaba mi tesis, en 1978, Sylvia Pandolfi hizo una pequeña muestra en el Museo Biblioteca Pape de Monclova, Coahuila, que antecede a la de Bellas Artes de 1981, ya ampliada, en tanto que el catálogo se sustentó integralmente en mi investigación. Esta muestra detona el interés de los investigadores sobre el tema, hasta convertirse en un estudio imprescindible en la historia del arte mexicano posrevolucionario.

jueves, 27 de febrero de 2014

El Chapo y el Mito


El Chapo y el Mito


Por Juan Carlos Bautista Rojo

De la sección: Comentarios coyunturales


Coyoacán.-


Todas las historias, hasta la más inverosímil sobre la captura de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, son creíbles. Son parte de esa reconstrucción cíclica permanente sobre el mito, pero no cualquier mito, sino aquel que se remonta al rito mexicano que encuentra sus más cercanos antecedentes en la sociedad prehispánica, desde entonces, estamos “alerta”, sobre el asunto público, con una tendencia al morbo, a lo que está fuera de la ley o de la realidad.


El mito es una especie de ADN que llevan los mexicanos muy adentro, es genético, social y cultural. El mito en nuestro país, pese a todo pronóstico científico, es hereditario. Lo real lo convertimos en irreal. Lo creíble, le agregamos un alto grado de fantasía. Le sumamos datos inverocímiles. La historia de ese tema, la alargamos más, para que dure en nuestro acontecer, para que se pueda comentar, no importa la clase social o preparación del ciudadano de quien se trate.







Por esa falta de memoria, por estar más en lo inmediato, el villano se torna en una persona noble, buena, en colaborador de los pobres o de los que menos tienen, hasta llegar a ser incluso, en muy poco tiempo, un especie de héroe.

Y esa regla,  la fortuna  –aparte de la registrada en Forbes- la cumple en demasía el Chapo. Bastaron tres días, para que desde su detención- espectacular porque no se tiró ni una bala, ni le encontraron armas o drogas, al contrario, hubo una silla de ruedas, un cunero y un chaleco antibalas-  de hombre malo pasó a ser víctima de un sistema.


Pero volvamos al mito. Quizá una primera condición para llegar a ser parte de un tema así, es el de destacar en alguna actividad ilegal, haber salvado la vida en varias ocasiones y, después de una trayectoria delictiva, amasar fama y fortuna   -donde van de la mano mujeres y fiestas-  caer  preso, o sea, caer en desgracia, ser sometido y encarcelado, pero después, fraguar una escape de película, lo que significa que cumplió cabalmente con todos los requisitos.




El Chapo entra en el imaginario colectivo, por estar entre los buenos y los malos, entre policías y ladrones, entre banqueros y rateros, entre ricos y pobres, pero fundamentalmente porque ese ente, ese hombre, está enfrentando a la vida, a la muerte, a la autoridad; los burla y los somete, les quita alfiles, peones y hasta Reinas, y eso lo convierte en un personaje distinguido.
Si a eso le sumamos que su nombre, así como esta en Forbes, fue identificado como el narco más buscado por la Interpol y las agencias de seguridad norteamericanas y mexicanas, o sea, de ambos gobiernos, el Chapo pasa a ser un personaje de leyenda viva.
Francisco Villa, Osama Bin Laden y Joaquín Guzmán Loera, son las tres personalidades en la historia del siglo XX y XXI que incursionaron en territorio estadunidense, realizaron negocios con empresas y gente de poder, y cometieron actividades que violentaron las leyes de ese país, hasta declararlos sus enemigos públicos número uno.
Visto así, el Chapo es parte de una leyenda viva. Durante más de una década, protegido por la autoridad, organizó una amplia red de narcotráfico, así como los túneles donde se llegó a esconder, así armó su red de complicidades.
Aquel pequeño hombre nacido en la Tuna del municipio de Baridaguato, en Sinaloa, se tornó una quimera, una ficción y parte de un mito…viviente.
La Captura del Chapo se dio porque a alguien le dejó de ser útil, lo dejaron por la libre y en este negocio, no se pueden dar el lujo de ser independientes, al menos aquí no.


 



Tras su detención -donde primero se dijo que estaba solo, después se sumaron sus esposa, hijas y un lugarteniente, presuntamente al que intervinieron su teléfono y por lo cual lo agarraron dormido, escondido en el baño- a las pocas horas, ya se le había compuesto un corrido y a los dos días, se presentó una manifestación popular en su apoyo.
¡Chapo hazme un hijo! ¡Si no quieren otra guerra, suelten al Chapo! ¡Lo queremos libre! Esas leyendas, frases simples o rotulos impresos en carteles, expuestos en una manifestación pública, que no esconden el rostro, son una muestra abierta de simpatía y otra,  el del apoyo que un grupo social  está dispuesto a dar por el que está preso, con miras a ser sentenciado en los Estados Unidos, después de pasar por el trámite mexicano.



Popular entre la tropa, en su pueblo, en su estado y a nivel internacional, el Chapo es hoy parte de un mito, de los pocos que se pueden ver de cerca en la historia. El mito aquí, se torna realidad.

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lunes, 17 de febrero de 2014

En recuerdo de Federico Campbell


En recuerdo de Campbell

* Periodismo y literatura, sus pasiones

 
Ayer domingo por la tarde, al pasar el umbral del panteón francés, te seguía imaginando reflexivo, con tu mirada llena de alegría y una especie de calma que transmitía tu piel. De voz tenue, sostenida, decidida y quizá hasta contundente cuando te referías a la cosa pública.

Recuerdo todavía tus palabras rebotando en el eco nocturno entre las paredes del Museo de San Carlos al término de la presentación de la exposición La divina proporción de los italianos Franco Maria Ricci y Massimo Listri cuando dijiste: “Tengo una columna en Milenio pero yo creo que nadie la lee. No sé si sirva para algo”. Yo estaba a punto de realizar otra pregunta pero esa respuesta me dejó fuera de combate y pensé en los profundos espacios que generan un periódico, un periodista, para que él mismo no se vanaglorie ni se ufane de algo tan efímero como el periodismo.

 

Quizá ese comentario tuyo, no sé si muy tarde, me sirvió para medir tu humildad y para conocer de tu distancia con el poder, ese día incluso estuviste oculto tras las cámaras y las luces de la pléyade de funcionarios, políticos y gente del arte que se arremolinaban ante el editor más importante de libros de arte, Franco Maria Ricci, y el excelso fotógrafo de museos Massimo Listri, arremolinándose para tomarse la foto, excepto tú.

Años atrás, rayando el dos mil –contra el pronóstico de la exacerbada individualidad de los periodistas, su eterna competencia y poca solidaridad-, un grupo de reporteros te invitamos a impartir una charla, que se convirtió en magistral, sobre el periodismo en la Universidad Iberoamericana. Entonces estaba reciente la aparición de tu libro Periodismo escrito. Ese quizá fue el punto más cercano a ti, a tu obra, a tu pensamiento y a la peculiar forma de observar a un periodista de tintes filosóficos, escrutador implacable del  poder.

 

Otro momento fue cuando descubrí tu militancia, o al menos el registro de tu nombre, en la Unión de Periodistas Democráticos organización fundada por Antonio Caram, Luis Suárez, Renato Léduc, Granados Chapa, a quienes conocí en su madura y última etapa, y de los cuales tú también fuiste su contemporáneo.

Los periodistas Jorge Meléndez y Rogelio Hernández fueron y son los principales instigadores para que tu aceptaras acompañarlos en sus históricas luchas por reivindicar la libertad de expresión, mejor trato a los periodistas y su preparación, ideas que acompañabas al menos a lo lejos y que viviste también como periodista en tus mejores años.

 

Fuiste de esos periodistas que de la orilla alcanzaron el centro, se quedaron para brillar. Tijuana vio nacer a tu familia y a tu desarrollo intelectual, plasmaste en libros y ensayos la dualidad, los varios tiempos, las necesidades, el problema de la identidad, del empleo, del poder, del despojo y del amor, al habitar la zona fronteriza.

Fuiste un periodista directo, sin vueltas. Preparado para desencriptar el discurso del poder, para escudriñar debajo de las alfombras polvorientas en las oficinas de gobierno, para diseccionar las transparentes acciones del ejercicio y la manipulación del poder; y al mismo tiempo dejaste una estela encriptada para conocer el fondo de la estructura de tus pensamientos.

 


 
 

Tuviste una columna a la que pusiste La hora del lobo, este título es el drama de una película sueca dirigida por Ingmar Bergman y estrenada en Estocolmo en 1968. En el fragmento de ese guión se lee que: “La hora del lobo es el momento entre la noche y la aurora cuando la mayoría de la gente muere, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas son más reales, cuando los insomnes se ven”.

Qué desdicha que alguien tenga que morir para que afloren sus virtudes o en otros casos se conozcan más. Ya se sabía pero hoy hay muchos testimonios de consumados escritores que agradecen tu afanoso empeño al organizar la editorial “La máquina de escribir”, la cual vio nacer los frutos de tu filantropismo periodístico-literario hacia los jóvenes.

 

El cuento y el análisis del poder te acercaron a Juan Rulfo y al italiano Leonardo Sciasia, fueron dos pilares en los cuales bordaste, y elaboraste infinitas reflexiones que dieron por resultados sendos libros. La literatura y el periodismo encontraron en ti el acercamiento más estrecho, la frontera en un mismo pensamiento.

Un tema en donde encuentro plena coincidencia contigo fue el asesinato de Luis Donaldo Colosio, allá en Lomas Taurinas un 23 de marzo de 1994. Tu escribiste: “Nunca se sabrá realmente cómo estuvo el asesinato de Luis Donaldo Colosio en 1994. La gente sabe, lo intuye, lo siente, lo adivina, lo deduce, pero no tiene pruebas. En la lucha por el poder –para conseguirlo o conservarlo- se sobreentiende que todo se vale cuando la disputa se da entre fieras humanas, cuya baba más sutil sigue infestando nuestra memoria histórica más inmediata. No se sabe quién lo mandó matar, pero sí se siente. Hay algo que da el personaje bajo sospecha. Nadie se hubiera podido imaginar que en nuestro tiempo un hombre de mucho poder fuera capaz de mandar matar a otro político hermano, a un correligionario, a un socio, a un cómplice, a un rival, a alguien que salió del guacal pero la realidad mexicana es más fuerte que la ingenuidad política aunque no lo podamos creer sucede”.


Mi coincidencia es plena con lo que escribiste, en 1996 yo trabajaba como reportero para el programa en Blanco y Negro que se transmitía en MVS y que era conducido por Carmen Aristegui y Javier Solórzano, y fui yo quien obtuvo el cassette editado a seis cámaras en donde se registra la muerte de Colosio. Lo importante de este documento visual es que apareció y fue difundido en ese programa por Carmen y Javier lo que provocó otros análisis y protestas airadas de la gente del poder hacia el programa, hacia los directivos de MVS y al reportero.

En referencia al poder y su forma de elección en 1968, escribiste: “Los zorros nos gobiernan. Son muy astutos. Difícilmente podría uno imaginar de lo que son capaces de hacer para que no nos demos cuenta de un acontecimiento. Son muy listos. Son muy zorros.”

Al escribir sobre Ryszard Kapuscinski, al que calificaste de pata de perro por su itinerante viaje periodístico y de denuncia, señalaste: “No se hace el periodismo desde un escritorio. Sin la gente, el periodista está perdido, su profesión depende de la ayuda y la voluntad de otros. En cierto momento en lo que cambia un semáforo, puede decidirse toda su carrera, porque en esos minutos un chofer lo puede llevar a una mina de combate o puede negarse.

Tanto la humildad como la gratitud cuentan de modo crucial. La arrogancia y el despego pueden hacer que la gente lo corte y no le haga caso. De ahí que el oficio –lejos de la prepotencia de quienes cubren los corredores del poder- tiene que ejercerse con modestia. Los pueblos están llenos de historias. Basta saberlas encontrar.”

 

 
Y ayer estuvimos ahí, del otro lado del umbral  del panteón francés para despedirte tus amigos y tu familia. El irremediable recuerdo de tus escritos, de tus conceptos, de tu forma de ser, estuvo presente. Carmen Gaitán, tu querida esposa ahí, a un lado de ti, cerca de ti, como siempre y desde hace muchos años y también nuestro querido amigo, tu hijo, Federico Campbell Peña, a quienes les enviamos un fuerte abrazo.